Ese ser que con una caricia puede aumentar mi libido a niveles extraordinarios, ese ser que pudo derrumbar ese muro que tenía construido para no sentir dolor, llegó a lo más hondo y tomó mi alma.
Tuve los momentos extasiados de felicidad, así como los tuve, también tenían que irse, reaccioné y preferí alejarme porque no concibo que el dolor entre de nuevo a mi vida, no lo tolero, no lo deseo.
Quedan recuerdos, no negaré que necesito tenerlo pero más puede la razón y ella me dice que es mejor el adiós.
Solo te pido que me devuelvas lo que te llevaste…
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