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16 de enero de 2009

Otro día más que vivo

¡Qué bestia ya van hacer las tres y media de la madrugada y sigo despierta sintiendo algo raro y feito en el pecho, realmente no me gusta para nada que se le puede hacer, son gajos de estar enferma jejejejeje.

Anímicamente me identifico con la bolsa de New York a veces sube y a veces baja o se queda estática, diría yo a ratos estoy bien a ratos mal o normal, intento sobrellevar las cosas y prefiero observar y quedarme calladita, en fin es mejor guardarme las cosas, no opinar y convertirme en una perfecta ciega, sorda y muda.

Ayer pegó el “el señor aguacero” en la ciudad de Guayaquil pero creo que fue en la parte del norte de la ciudad, al principio me asusté porque mi mamá había salido a ver casitas por aquí cerca a la mía, para que eso es bacano pero por esa salida le cayó tremendo aguacero, los dos se mojaron o sea mi mamá y Paco, pero lo más chistoso es que él lo tomó de la manera más cómica, me cae bien este señor.

Se fue la luz en casi todo el país, cuando eran las ocho de la noche mi papá me llamó y todavía en Quito no llegaba o sea mi papá a oscuras, en los diarios periodísticos del país dicen que se fue en 19 provincias debido a una falla por daños en las redes del Sistema Nacional Interconectado (SIN) en las subestaciones de Totoras y Santa Rosa, en Tambillo (sur de Quito), sigan leyendo aquí; chuta el Ecuador está cada día de mal en peor, eso pienso yo.


Dos noches anteriores comencé a leer mi libro preferido que me regaló mi prima, la man sabe cuánto adoro ese libro, se llama Vivir, Amar y Aprender de Leo Buscaglia, es digamos de categoría autoayuda, es muy bueno, encontrarás frases y partes en cada capítulo que te llegarán al corazón y sentirás que en cada lectura el corazón te dará una señal de vida como si te dijera “oye, es verdad todo lo que dice ahí”, se los recomiendo a todos, claro para los que realmente tienen corazón y alma, ahí les dejo una partecita:



“¿Quién nos enseña a amar? Para unos, la sociedad en que vivimos, y que ciertamente varía. Nuestros padres nos ha enseñado como amar. Ellos son nuestros primeros maestros, aunque no siempre son los mejores. Esperamos que sean perfectos. Los niños crecen siempre en la creencia de que sus padres son perfectos. Más tarde quedan defraudados, desilusionados e incluso irritados, al descubrir que tales pobres seres humanos no lo son.
Quizás, el punto de arranque de la madurez radique precisamente en enfrentarse a este hombre y a esta mujer para ver en ellos a seres vulgares tal como lo somos nosotros mismos, con sus defectos, sus conceptos equivocados, su ternura, su gozo, su pena y sus lágrimas, aceptando que se trata de simples seres humanos. Y lo sorprendente es que si el amor lo hemos aprendido de estas personas y de esta sociedad, podemos olvidarlo y aprenderlo de nuevo. Nos queda, por tanto, una gran esperanza, una extraordinaria esperanza para todos nosotros y nada de lo que voy a deciros va a resultar nuevo. Lo que sí vais a percibir es que alguien va a tener la suficiente energía para levantarse y proclamarlo –y, quizá, por ello mismo, descargarlo en vosotros , de modo que vosotros podáis decir: 'Así es también como yo lo siento. ¿Tan absurdo resulta sentir de esta manera?'”


Espero que les haya gustado y les haya llegado algo al corazón.

Preguntas firmes y respuestas dudosas
, yo me entiendo.

Es todo, me largo…